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El Instituto tiene como propósito pasar de dar a hacer y resolverLa imposibilidad de ejercer a plenitud el derecho a la atención de la salud es una de las caras más injustas y dramáticas de la pobreza. Aunque históricamente las sociedades han generado mecanismos para socorrer a quien por falta de medios no puede enfrentar la enfermedad, lejos está de resolverse el problema. La evolución conceptual de dichos mecanismos, sin embargo, permite abordarlo con mejores herramientas en la creciente complejidad de las sociedades modernas. Las instituciones de caridad que durante siglos atendieron las necesidades de salud de los desposeídos, dieron lugar en el siglo XIX al concepto secular de beneficencia, en sus vertientes pública y privada. La primera mitad del siglo XX trajo consigo un nuevo modelo de socorro, implantado primero en el ámbito estatal y posteriormente en el privado: la asistencia, que buscaba ir más allá de las necesidades de subsistencia y atención médica de los entonces llamados débiles sociales, fomentando su desarrollo integral. Hemos visto por muchos años cómo las instituciones y grupos de beneficencia, la caridad, los donativos de toda índole, incluso los de organizaciones internacionales, y la política social y de asistencia del Estado, han sido insuficientes para combatir la pobreza y mejorar la salud. El Instituto Carso de la Salud se inscribe en una nueva corriente de participación social que ve a las personas como parte de la solución. Se trata de la inversión social, definida como el uso planificado, supervisado, voluntario y sin ánimo de lucro, de recursos privados en proyectos de interés público con el fin de promover el desarrollo humano y social. Inversión, más que gasto, en tanto que aporta al desarrollo del capital humano, y social en tanto que está dirigida a un servicio social fundamental como es la salud. Perfil institucional y mecanismo de acción Para llevar a cabo la tarea que se ha impuesto de generar soluciones a los principales problemas de salud, el Instituto Carso de la Salud combina la movilización de recursos financieros con la movilización de la excelencia científica, técnica y ejecutiva. Tradicionalmente las fundaciones desempeñan uno o una combinación de tres papeles fundamentales: de conductora, de socia y de facilitadora (Joel L. Fleishman, The Foundation, 2007). Como conductora, una fundación se responsabiliza de las iniciativas que financia, al grado de que los encargados de diseñar, desarrollar e implantar esas iniciativas trabajan directamente para ella. Como socia, comparte con alguna otra institución, gubernamental o privada, la responsabilidad del diseño y la implantación de las iniciativas que financia. Finalmente, como facilitadora, una fundación sólo responde a solicitudes de financiamiento para una iniciativa cuyo diseño e implantación es responsabilidad de la institución, grupo o investigador solicitante. El Instituto Carso de la Salud desempeña un papel mixto: parte de una posición intermedia entre conductor y socio, proponiendo iniciativas a partir de la identificación de oportunidades, pero está abierto a discutir el apoyo a proyectos generados en otras organizaciones, sean éstas públicas o privadas, académicas o de otro tipo (ver figura 1). Una tarea central del Instituto es movilizar los recursos financieros necesarios para desarrollar e implantar las iniciativas que diseña; esta tarea la conduce a partir de la Fundación Carso, con la colaboración de la Fundación Telmex y de diversas fundaciones de América Latina. La estrategia y las políticas del Instituto son determinadas por un Consejo Directivo, con la participación de líderes en el campo de la salud congregados en un Comité Científico Consultivo y en un Comité Asesor Internacional. Los proyectos específicos se llevan a cabo en sociedad con “organizaciones multiplicadoras” y “organizaciones operadoras”. Las primeras son asociaciones cívicas, instituciones públicas o empresas que colaboran con el Instituto en el diseño y la gerencia de los proyectos, así como en la capacitación y coordinación de los participantes. Las segundas son las encargadas, como su nombre indica, de operar los proyectos en los contextos locales, lo que a menudo incluye la prestación directa de servicios a la población. A lo largo de su desarrollo, los proyectos se someten a un riguroso proceso de evaluación. El Instituto pone un énfasis particular en este punto, dado que los resultados de dicha evaluación son esenciales para retroalimentar las funciones del propio Instituto y sentar las bases para el aprendizaje compartido con otros países. El análisis de los resultados se disemina a través de un portal de Internet y un programa editorial. El Instituto también otorga becas a estudiantes de las profesiones relacionadas con la salud y reconocimientos a líderes e instituciones que contribuyen de manera sobresaliente a mejorar las condiciones de salud en México y el resto de América Latina. La figura 2 muestra el mecanismo de acción del Instituto a partir de algunos ejemplos relacionados con tres de las líneas de trabajo que se detallan en la siguiente sección (en este caso Programa Amanece, TelSalud y Empresas Sociales de Salud). Se subraya la función integradora que lleva a cabo el Instituto entre las diferentes iniciativas, así como la variedad y amplitud tanto de las organizaciones multiplicadoras como de las organizaciones operadoras que las llevan a cabo. |
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