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Testimonio de Sor María Suárez Vázquez Mucho me temo no encontrar las palabras que traduzcan la impresión de este momento, ni siquiera las que reflejan mi gratitud, una de las actitudes de las más bonitas que nos da la vida, ya que el agradecer es un privilegio; gratitud que se ve reducida a quedar en el alma como una emoción que tiene tanto de dulce como de estrujante. En primer lugar quiero darle las gracias a Dios por el don de la vida, por darme día a día las fuerzas para luchar contra el intruso como llama Julio Derbez al cáncer. Gracias a mi familia que me arroba y me sostiene, a mi familia religiosa principalmente de la comunidad del Instituto Nacional de Cardiología por su testimonio de oración y de servicio. Al Dr. Fause Attie, Director del Instituto, y a Rosa Martha por su apoyo incondicional. Al Dr. Arturo Beltrán y Dr. Juan Zinser porque gracias a ellos estoy hoy y aquí. A los muchos amig@s y a mi trabajo diario al “Cuidado de la vida”. Jamás podré agradecerles lo suficiente a todos. He intentado abonar algo a esa cuenta impagable que además crece cada día y es el “estar viva”. Poder hablar sobre un tema tan cercano a mi corazón es un placer, pero no podría hablar de mi testimonio sin antes reflexionar qué es la vida y quién es Dios en medio de pruebas y sufrimientos. Creo que la vida se puede entender como un milagro, como un fenómeno complejo con muchas dimensiones interrelacionadas. Diferentes autores coinciden en la dificultad que existe para definir la vida. ¿Qué es? Es una de las preguntas más difíciles de responder. Es uno de los problemas científicos y filosóficos a los cuales se unen las concepciones religiosas en búsqueda de una visión del ser humano, una visión del universo, una visión del mundo, o como simple y profundamente dijo Javier Alatorre en su noticiero hace unas semanas: “la vida es una gran noticia”. La vida no le pertenece a uno. La vida llega y alguien la envía. Es demasiada para ser producto del azar o del ser humano. El ser humano crea e inventa: artes, música, tecnología, viajes al espacio, pero cualquiera de estos inventos son nada ante el palpitar de la vida, son nada frente al misterio de la vida. Los hijos no son una encarnación de una noche de amor. Son una bendición de Dios. La fidelidad de Dios en mi vida Antes de la cirugía reflexioné sobre la intimidad de Dios y yo. La intimidad que sólo puedes compartir con una sola persona, y mientras vas a esa sala de operaciones y te duermen, con el único con quien puedes compartir ese momento es con tu Dios. Es cuando no queda nada más, ni nadie más, simplemente el abandono en Él; y Él está y se mantiene con esa presencia fiel y amorosa. Yo he caminado con el Señor casi toda mi vida. Yo sé quién es Dios porque me lo dice su Palabra, por el testimonio de los demás, por la manera en que Él ha caminado conmigo a través de mi vida. Pero en las pruebas y las tribulaciones de la vida Dios se ha hecho más presente en mí y se muestra como el Dios de toda consolación, el Dios de toda esperanza, de toda paz, de toda misericordia. “El Dios amor”. El poder de la oración Mi Cáncer de Mama con Metástasis a hueso.
Se me vinieron mil cosas a la cabeza: mi familia, mis planes, mis sueños, mis amig@s y la muerte. Le pedí tanto a Dios no sé qué tantas cosas, para que me dejara vivir más. De repente me quedé callada y decidí no llorar, sino al contrario: debía iniciar una lucha hasta matar a ese asesino que entró a mi cuerpo sin pedir permiso y me tomó por sorpresa y yo tenía que ser más inteligente que él y debía empezar por no dejar decaer mi ánimo. Mi vida cambió desde el día que me dieron el diagnóstico, todo lo veo totalmente diferente, porque el dolor es un maestro que me ha enseñado tanto en tan poco tiempo. Ahora sigo con planes, proyectos, sueños, metas y muchas ganas de hacer tantas cosas. Mi vida ya no es la misma, es diferente, pero mucho mejor que antes. Tengo una fortaleza que no conocía, tengo mucho amor y muchas cosas bellas dentro de mi corazón para compartir con la gente que quiero; sobre todo, he conocido de manera profunda lo que es la humildad, la paciencia, la tolerancia, mi valor como ser humano y el valor incalculable de todas las personas, el valor por todo lo que tengo, sea poco o mucho, y sobre todo me ha quedado claro que no hay cosa más importante que tener salud. Sé que la misión que se me ha encomendado no ha terminado, sino todo lo contrario, creo que apenas empieza y, unida a ella, una gran lucha en la que pondré todo lo que esté de mi parte para salir victoriosa y si no fuera así, de todos modos me iría orgullosa por haber luchado con esperanza hasta el final. El tratamiento
El miedo que tenemos como mujeres de perder los pechos, de perder el pelo, es un temor muy real, pero la vida es más importante que ellos. La mastectomía es también lo que va a salvar tu vida. Mis sentimientos Yo tenía en cuenta lo que significaba para mis hermanos, que yo no sobreviviera. Tuvimos un tiempo de luto. Es como si hubiese muerto alguien en la familia pero sin funeral. Todos llorábamos, pero eso sí, juntos. Aprendí que tengo que llevar el corazón por delante: querer y ser querida, aprender a dar y recibir, aprender a estar enferma, aceptar la debilidad para generar fuerza y no apegarse a la fuerza que debilita. Porque “la vida se defiende con la vida”.
Para finalizar deseo expresar mi gratitud al Instituto Carso que responde a las necesidades de las personas susceptibles del mundo y día con día lucha para lograr esa inversión social con el fin de alcanzar soluciones para que todas las personas puedan vivir con mejor salud. Quiero animar a este Instituto con el Ing. Carlos Slim como su líder y a Soumy que nos está viendo desde el cielo para que sigan trabajando con pasión, entusiasmo, expectación, resistencia y alegría, deseándoles éxitos y muchos logros para que continúen luchando y así transformen las tragedias en triunfos, los desengaños en salud, las calamidades en conquistas, en especial a nuestras mujeres con cáncer de mama, pero siempre conscientes de que trabajan con y por Dios y que de hecho ustedes son las manos de Él que se extienden a las multitudes y masas. Y al final de sus días recibirán su recompensa cuando les digan: “Venid benditos de mi Padre porque estuve enfermo y me visitasteis…” Y a ti Felicia, felicidades y gracias por iniciar esta nueva aventura, esta nueva misión. Con el hermosos apotegma “Tómatelo a Pecho”. Muchas gracias. |
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